ZAMA. De la espera a la desesperación

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Rober Díaz, 2017

@betistofeles

“La espera es el verdadero infierno”

Adolfo Bioy Casares

Se acaba de estrenar la película Zama (2017, Rei Cine, Bananeira filmes/Canana), de la realizadora argentina Lucrecia Martel. Basada en la novela homónima de Antonio Di Benedetto, quien la escribiera allá por 1956, cuenta en su haber con un cuantioso número de elogios por parte de la crítica especializada, destacando al respecto su triunfo en dos certámenes internacionales: el Latin Beat de Tokio y el Festival de Venecia. Además, también fue nominada a los premios Oscar como mejor película extranjera. Sin duda, su principal acierto radica en el hecho de que, sin grandes excesos, logra consolidar en la pantalla grande la desesperada y a la vez decadente situación del otrora corregidor Diego de Zama (personificado por Daniel Giménez Cacho), ex funcionario que se encuentra a la espera de un edicto que le permitirá regresar a su casa, para reunirse con su esposa e hijos.

       El melodrama se desenvuelve en el siglo XVII, en un lugar limítrofe de América del Sur. Libre de las secuelas que la literatura deja por lo común en las películas que han sido trasladadas de las letras al cine –por ejemplo los abusos de la voz en off-, en Zama parece que nada sobra, que todo se encuentra perfectamente alineado y calculado, desde la exacta interpretación de Giménez Cacho, el sonido, la luz, la ambientación, y hasta las escenas surrealistas que, a propósito, son usadas para reafirmar en cada uno de los cuadros un objetivo concreto: plasmar la errabunda mente de un hombre que de la espera pasa a la desesperación, y luego, en un estado convulso de su alma, alcanza el salvajismo, la locura, el abandono y la sordidez.

       Para más detalles, ahí está el filme a la espera de los curiosos. Yo me conformo con una respuesta sencilla. ¿De qué trata esta película? Pues bien, versa de lo que todos los hombres hacemos: esperar; y también de aquello a lo que todos los hombres nos sometemos luego de esperar y no recibir nada: seguir viviendo, o morir en el intento.

 

   Rober Díaz. Colombia, 1982. Escritor hiperrea-lista, filolúmeno, sicalíptico y filibustero. Vive en un viaje de efedrina entre el ex D.F. y Oaxaca. Es adicto a la carne de puerco.

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