El otro lado de la esperanza

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Tomás Mota

Toivon tuolla puolen, de Aki Kaurismäki (2017), es una película que retrata con humor y de manera magistral la inmigración y la soledad. Su título en español es el que se consigna en el encabezado de este artículo.

       Khaled (Sherwan Haji) emprende la huida de Siria, debido a las condiciones de inseguridad ahí reinantes. Asolado por la guerra, tiene la certeza de que si está lejos del lugar, por lo menos no le caerá una bomba encima. Saldrá entonces de Alepo, para recorrer sin rumbo fijo diversos países, sobreviviendo en cada uno de ellos de la mejor manera posible: la que se presente. Por fin, arribará de manera circunstancial a Helsinki, Finlandia, destino inmediato del barco en el cual se metió a dormir, despertando ya en altamar.

       Finlandia le agrada, pues goza de relativa calma y le permite seguir a distancia los rastros de su hermana, quien se le perdió en el camino. Además, ahí conocerá a Waldemar Wikström (Sakari Kuosmanem), sujeto que también huye de otra guerra: la de su esposa alcohólica.

       Jubilado, Wikström es también un ser sin acomodo en este mundo moderno; anhela huir de una realidad que se le presenta cada vez más trágica, pero se conforma con evasiones de terceros, como la de esa mujer que le cuenta sus planes de viajar a la Ciudad de México para tomar sake y bailar hula-hula. ¿Habrá algo más desatinado que tener una falsa imagen del lugar que se ha de pisar? ¿O bien, existe una mejor manera de viajar? Siempre será alentador el tener que descubrir en su totalidad las características y condiciones del lugar al que se quiere ir, digo yo.

       En fin, ambos personajes tienen su instante y su oportunidad de redención. Wikström entra a un casino clandestino, y gana. Ello le permitirá montar un restaurante que será sólo una simulación, una especie de chiste que se ríe de sí mismo, pero que se justifica en el azar futuro: a su patio de maniobras llegará un día Khaled, quien busca un sitio de descanso donde paliar el abandono del día.

       Contrario al barco, el restaurante funge como sitio de llegada, no de huida, y con esa categoría, y con todo y su inestabilidad, ofrece una última posibilidad de regeneración y de sobrevivencia, siempre y cuando los dos seres del desarraigo sean capaces de resurgir de sus cenizas, vencer sus miedos y sus desconfianzas, y entregarse a los lazos de la solidaridad y la  amistad, posibles, sí, como parte de la condición humana.

       En suma, esta película nos muestra que los refugiados –sean del tipo que fueren-, son seres humanos que aman y necesitan ser amados. La obra está en cartelera desde el 9 de marzo de 2018, en varias ciudades del país: México, Guadalajara, Querétaro, Morelia y Toluca.

Cinépolis, Cineteca Nacional, Cinemex

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