Circuito de arte urbano

Circuito de Arte Urbano

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Filiberto García

San Jerónimo era una calle semiabandonada, o como les llaman a las no tan conocidas “una de esas calles perdidas de la ciudad” en el surponiente del Centro Histórico, paralela a Regina, poco a poco se hizo notoria gracias a una serie de intervenciones en los  muros de algunas construcciones y estacionamientos. Los “escritores urbanos”, “muralistas contemporáneos”, “graffiteros”, “artistas callejeros”, “vándalos” se han apropiado de esta calle para compartir con los que transitan por aquí lo que saben hacer: tatuar las paredes.

Todo comenzó con Fafi (Fr) y sus fafinettes (calaveras de día de muertos) en un muro del estacionamiento ubicado en Bolívar, esquina con San Jerónimo, luego vinieron como una especie de canibalismo Spock (Sp), con su monstruo que devora la cabeza de una fafinette. Posteriormente, Ericailcane (It) con su fauna urbana, intentando apropiarse de las calaveras, una lucha constante con el monstruo, y finalmente Minoz & Meiz le cambian el sentido al mural, dotándolo con un toque lúdico, haciendo un retrato hiperrealista del niño gigante con sus juguetes.

Estos murales generaron una dinámica de colores y formas en las calles de San Jerónimo y Regina, por donde han transitado varios artistas urbanos para dejar su huella en esta parte del Centro, ya sea de manera legal o ilegal, al igual que en lo que fue el teatro de las Vizcaínas o en los muros rescatados como lienzos callejeros. De estos lienzos, son notorios los de Regina, siendo el de mayor éxito “la Familia Burrón”, con el cual se rinde homenaje a Diego Rivera, Gabriel Vargas, Carlos Montemayor, Armando Jiménez y a Monsi. Así mismo, entre el callejón de Mesones y 5 de Febrero han participado una gran cantidad de artistas como Herakut, Retna, Madjer, un homenaje a José Guadalupe Posada y muchos más que han intervenido las fachadas de los edificios. En Mesones, Rex dibujó al goloso a punto de devorar un perro salchicha.

La calle de San Jerónimo era la mayor exponente de murales en la zona, comenzando a la altura del Claustro de Sor Juana, muro que ha sido lienzo de muchos talentos nacionales: Smithe y su copetes, con el cerebro en proceso; Curiot con su estilo característico de fauna urbana multicolor, unos toros salvajes que tiran todo lo que encuentran a su paso; un homenaje al poeta mexicano David Huerta con la leyenda “Tendré que decir lo que tenga que decir – o callarme” obra de Edmundo Suárez y más artistas que han plasmado su obra en estos muros, los cuales después de cierto periodo son cubiertos por nuevas intervenciones para darle oportunidad a la mayor cantidad posible de artistas y hacer de esta calle un lugar dinámico para el arte urbano.

La barda de un estacionamiento que se encuentra entre Isabel La Católica y Bolívar es el soporte para alternar con cierta periodicidad grupos de artistas urbanos, quienes normalmente toman los bastidores que conforman las columnas para dejar enmarcada su obra, ahí se han dado cita artistas como el Norteño, el Chirrete, Praxedis, etc., conviviendo simultáneamente gente de distintas latitudes, Tijuana, “Chicali”, Buenos Aires, Bogotá, Iztapalapa y de otros lugares del mundo, conformando un mosaico multicultural.

Llegando a la esquina de Bolívar y San Jerónimo está lo que se conoce como la “Esquina de Fafi”, mural ya mencionado y que ha sido el motor de los paisajes cromáticos, contagiando al parque y Teatro de las Vizcaínas, donde se encontraba todo tipo de expresiones de arte urbano: carteles, stickers, bombas, tags, stencil, y murales trabajados con distintas técnicas. Un Compay Segundo sonriente se quedó bajo las placas azules y naranjas de Zukre y Las Vecinas Coquetas de Sandoner,  “La Kahlo” vampira que se resguarda de los rayos del sol bajo una cortina blanca de pintura que anuncia un exclusivo “estacionamiento privado”. No todo es ruido visual o vandalismo, como dicen los policías, son espacios que se han ido ganando para compartir con los vecinos y las personas que se atreven a perderse en estas calles.

Recientemente, el Gobierno de la Ciudad en colaboración con Meeting of Styles y el Fideicomiso del Centro Histórico hicieron una “operación maquillaje”: intervinieron las cortinas de los locales comerciales sobre la calle 20 de Noviembre, algunas fachadas de la calle Regina y tapiales de una obra en Isabel la Católica y República de El Salvador. Esta acción pasó a ser sólo un motivo de decoración, son colores que llaman la atención y en algunos casos muestran cierta habilidad en el manejo de la técnica; hay varios edificios que se ven amenazados por el vandalismo.