Cien años con Juan Rulfo

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– ¿Qué es? ­–me dijo.

– ¿Qué es qué? –le pregunté.

– Eso, el ruido ese.

– Es el silencio. Duérmete. Descansa, aunque sea un poquito, que ya va a amanecer.

              Juan Rulfo, “Luvina”.

El 16 de mayo de 2017 se festejaron los cien años del nacimiento de Juan Rulfo, el reconocido autor de El llano en llamas (1953) y de Pedro Páramo (1955); escritor que también fue fotógrafo y guionista de cine. El acontecimiento se acompañó de varias celebraciones, entre ellas la presentación de la serie documental “Cien años con Juan Rulfo”, dirigida por Juan Carlos Rulfo y transmitida por Canal 22. Compuesta de siete capítulos, dicha serie persigue los rastros sobre la vida y obra de tan significativo personaje: 1. Hacia El llano en Llamas; 2. Pedro Páramo, el oficio de escribir; 3. Las imágenes de Rulfo; 4. Un hombre de cine; 5. El México de Juan Rulfo; 6. La dignidad del silencio; 7. Cien años con Juan Rulfo.

       El inicio de las transmisiones fue el día jueves treinta de noviembre, en la Cineteca Nacional. Ahí se darían cita los hijo de Rulfo: Juan Carlos y Juan Pablo, más la viuda, Clara Aparicio, aparte de algunos escritores, actores, amigos de la familia y autoridades culturales.

         El director del documental, Juan Carlos Rulfo, agradeció a todos los participantes y dejó ver algunos avances de la serie, en la que pudimos apreciar entrevistas a distintas personalidades, trátese de actores, escritores, cineastas, músicos, por referir a varios: Ignacio López Tarso, Blanca Guerra, Manuel Ojeda, Juan Villoro, Werner Herzog, Jean-Claude Carriére, Juan José Arreola, Eduardo Galeano, Rodolfo Stavenhagen, Tahar Ben Jelloun, Patricia Reyes Espíndola, Arturo Ripstein, Gerardo Tamez, Dolores Heredia, Pilar Pellicer, René Avilés Fabila, José Agustín, Rubén Gámez, entre otros.

       -Dicen que está cumpliendo cien años, pero nadie sabe, porque nace de nuevo cada vez que alguien lo lee …-, comenta Eduardo Galeano.

       Por su parte, Werner Herzog siempre ha destacado la importancia de la obra de Rulfo: “Pedro Páramo es un libro al que regreso y regreso todo el tiempo; hay pasajes enteros del libro que puedo recitar de corazón.” También señala que debemos aprender de memoria la obra de Rulfo, para así llevar a México en el corazón. A su vez, Rubén Gámez destacó la importancia de la colaboración de Rulfo en La fórmula secreta, sin olvidar hacer mención de su relación con el autor.

       Aprovechando la ocasión, nosotros sostuvimos una plática con Juan Carlos Rulfo, quien no sólo nos habló sobre la obra de su padre y sus recuerdos del mismo, sino que también hizo hincapié en la forma que se ha abierto camino en el arte del cine, así como la similitud que hay entre el oficio de Juan Rulfo y el de él, que no es otro que el de contar historias.

¿Cuál es la diferencia entre ser hijo de Juan Rulfo y ser un documentalista?

Yo creo que no tienen nada que ver. Bueno, quizá sí, pues se complementan mucho. Reconozco que, en mi labor, siempre me ha ayudado la experiencia de la lectura y la relectura del trabajo de mi padre. En todos los ámbitos posibles, cada vez que trabajo, más descubro; y cada que camino y busco, más entiendo las formas y las diversidades del trabajo que hizo mi padre, sobretodo en el último tiempo donde hice este trabajo, el cual tiene que ver con las multifacéticas caras que tenía él. En este sentido, hay un gran respaldo y una remembranza constante de lo que es el oficio. Eso en cuanto al trabajo. En cuanto a ser hijo, no estoy pensando en eso, no es algo que tenga todo el tiempo en la cabeza; más bien estoy pensando en descubrir cosas. No pienso ni siquiera en su relación con la literatura, sino en el buscar y el entender un poco el entorno, en cómo se le dieron las ideas, cómo manejó su encuentro con la gente, cómo conversaba. En este trajín, de repente surgen ideas en la mesa de trabajo, o en cualquier ámbito, sea para fotografía, sea para la búsqueda de una idea. Ahí es donde estamos como muy parejos, en el trabajo de mesa que hay para encontrar el hilo narrativo de lo que quiere uno contar.

Como cineasta, ¿qué tanto te marcó el trabajo de tu padre como guionista?

De alguna manera, empecé a hacer las cosas y no necesariamente pensaba en él en un principio. He ido encontrando el entendimiento a lo largo del tiempo. Desde el principio, empecé a historiar, a trabajar con otras personas, conocer el trabajo de otros guionistas y otros profesionistas en el ámbito del cine. No fue sino hasta hace relativamente poco, cuando de repente me di cuenta de que, tal vez, es por la madurez por la que uno empieza a encontrar esas similitudes; pero uno tiene que empezar finalmente de cero, es decir, nunca tuve desde el principio una línea que me marcara él, o que haya descubierto en él, sino que, de alguna manera y como buen rebelde, uno empieza tratando de establecer su propio camino, tratando de encontrar cosas que uno considera que son importantes para uno mismo. A veces están enmarcadas en su espacio, como fue el caso de mi primer película (Del olvido al no me acuerdo), y otras enmarcadas en el espacio del trabajo en general que uno hace, trabajo ajeno, es decir, trabajo por encargo. Yo creo que ahora, en estos momentos, sí me siento capaz de encontrar y establecer un diálogo de similitudes, diálogo en el cual puedo entender que hay un trabajo mucho más profundo en el que ya me puedo meter, y en el que puedo tener un diálogo de entendimiento con lo que él estaba haciendo. En un inicio no; yo era un chamaco estúpido que no entendía nada, pero ahora ya lo puedo entender. Hubo trabajos independientes sin un punto de unión, paralelos, sin embargo después vino el entendimiento, y después de eso llegó la integración, la adhesión, y es ahí donde yo puedo hablar, si el atrevimiento es posible, desde su punto de vista, tratando de encontrar similitudes a lo largo del camino.

Juan Rulfo hablaba de que a los literatos les correspondía el mundo de los sueños, ya que no podían tomar el mundo de la realidad. ¿Por qué crees tú que el mundo de los sueños de tu papá es tan parecido a la realidad, según su obra?

Su realidad, es una realidad muy concreta, muy marcada por una juventud, un espacio histórico muy determinado que lo marcó definitivamente, para toda la vida. Es muy clara la descendencia. Su realidad, no es necesariamente el Océano o los cuentos chinos, o las historias de los osos polares. Su realidad tiene que ver con un campo, y con una historia relativamente violenta que se desarrolló alrededor de su infancia, pero lo que él trata de decir (aquí es donde me voy a meter en lo que no me importa, tratando de parafrasear lo que decía), es porque todo lo que pasa o lo que él relata, no necesariamente ocurrió así, no necesariamente ocurrió, sucede que está bañado por todo un espacio en el que, sin duda, fue influenciado con esa lluvia de acontecimientos que le dieron sazón a su narrativa. Los sueños están bañados de ese sazón; esos sueños pueden ser los que sean, pero siempre tendrán ese sazón, esa narrativa y esa forma de ver el mundo; no importa la historia que sea, tienen esa cocina particular. Eso son los sueños, sueños que están cocinados en esa cabeza que vivió ese espacio, que modificó su narrativa para construir de esa forma.

¿Qué mundo te corresponde como cineasta?

Siguiendo con la idea de madurar, si es que se le puede decir así, lo que creo que corresponde (en esto es en lo que se quedó mi padre, me parece) es tratar de entender el país. Yo pienso que estamos muy lejos de entender dónde estamos, de conocer realmente las identidades de nuestra gente. Somos muy diferentes entre nosotros, y ahí se marca un universo un poco complejo porque, por ejemplo, yo no tengo nada que ver con los mazahuas, y los mazahuas no tienen nada que ver con los tseltales, aparentemente, sin embargo hay un mundo indígena; y yo no tengo nada que ver tampoco con la clase política, ni con la clase gobernante de este país, que son clases extrañas. Entonces, ¿cómo está siendo gobernado este país, y cómo las cosas están ahí, viviendo a su manera? Es una cosa muy atractiva, llena de historias y de formas que se antoja descubrir en su narrativa, en la forma en que se cuenta; en ese sentido, tenemos un universo vastísimo, inacabable, donde cada vez que hay una nueva generación, un nuevo cineasta, un nuevo equipo de producción, una nueva cámara, un nuevo equipo de sonido que te permite meterte, andar de metiche cada vez más, aunque sin volverte un antropólogo, pero sí muy respetuoso de la observación. Creo que estamos en un momento en el que es importante ver cómo la gente en este país se vuelve más activa, en vez de ser pasiva y observada, y eso es lo que me está gustando; es decir, ¿cómo puedo absorber un mundo de este país que sea sumamente activo, nada ajeno y tremendamente provocativo?

         Por otro lado, está el abandono, que es, por alguna razón, ya la migración forzosa y obligada por el narco, ya la migración buscada para ir al otro lado. También está la violencia brutal, o esta forma de crisis cotidiana, o lo que sea. El decir que no conocemos la más común de las cotidianidades que existen en la colonia Guerrero o en la colonia Condesa, es apenas el primer paso para entender este proceso, y eso es muy interesante, ya que no tenemos que ir afuera, a importar narrativas. No es en vano, como estas historias, que no se habían contado como ahora lo hace Alejandro González Iñárritu, quien ha ganado varias veces en Cannes con películas sobre el maltrato en la familia y el bullying en las escuelas, no en vano, repito, como estas historias hay otras tantas, aunque no de grandes figuras. De hecho, estamos viviendo de ese tipo de cuentos, lo cual me parece muy interesante; tal vez no nos guste cómo estén contadas, pero se están buscando. Eso me parece bien, ya que hay que hacer otras cosas también; igual, que estén indagando en la clase media y en la clase poderosa, y que se estén haciendo series de televisión sobre narcos, está muy bien. Hay un montón de cosas, pero apenas se están haciendo; yo creo que los medios, las plataformas, van a ayudar a encontrar eso, y yo creo que por ahí va.

En el panorama de Jalisco, ¿cómo se explica la presencia literaria de personajes como Juan Rulfo, Agustín Yáñez, Juan José Arreola y Antonio Alatorre? ¿Azar, coincidencia, destino, una veta creativa, o hubo un impulso o un afán gubernamental que los moviera?

Sin querer quitarme el saco de encima, te diría que es como el tequila: dicen que el tequila es tequila, porque en esa tierra alrededor del pueblo de ese nombre, estuvo un volcán, y que en el momento en que hizo erupción, provocó que el maguey local adquiriera ese sabor particular, que no existe en ninguna otra parte del país. En el sur de Jalisco, de donde son todos estos escritores, están el Volcán de Colima y el Nevado de Colima, lo que hace que, curiosamente, sea una zona enigmática. Por mi parte, tengo una especie de atracción magnética con ese espacio. Algo pasó, algo tiene que ver, porque no sólo son esos casos que mencionas. De hecho, ésa es la ruta cultural de Jalisco, por lo que creo que a nivel gubernamental se podría hacer una gran cantidad de cosas, pero hay falta de voluntad gubernamental para intentar cosas que valgan la pena y que sean productivas, cultural y turísticamente hablando, de manera que el espacio fuera bien aprovechado.

Rulfo fue funcionario público, escritor y fotógrafo, ¿qué acto de creación le emocionaba más? ¿cuál era el más importante?

Me atreveré a decir algo que, según parece, él mismo decía. Él empezó a ver, antes que escribir. Su óptica estaba plasmada en lo que él vivía. Antes que cualquier otra cosa, aprendió a ver; de manera que su mirada estaba perfectamente enfocada a lo que veía, y esto no sólo en términos biológicos o físicos, se entiende. El hecho de que la cámara fuera un instrumento de comunicación, el hecho de que los distintos elementos, como la escritura, la cámara o la conversación fueran como sus auxiliares, no es gratuito. No se dan tan seguido. ¿Por qué se hicieron presentes en él? No lo sé. Eran cuatro hermanos, y sólo a don Juan le ocurrió esto, pues los demás son rancheros muy dedicados a lo suyo. Entonces, su primer paso fue ver, luego escuchar, luego conversar; a través de esto, en esa especie de desarrollo-evolución-madurez, se marcaron muchísimo los pasos. La óptica siempre matiza la escritura, la narrativa. Por eso yo creo que su literatura es muy visual. Curiosa e irónicamente, es muy complicado hacer una adaptación de sus cosas al cine, porque está lleno de imágenes, imágenes que son muy complejas ya que vienen de ese ojo que siempre estuvo mirando, durante mucho tiempo, esas cosas. Ese factor de ver durante mucho tiempo esas cosas, siento que es fundamental; ¿quiénes tenemos la posibilidad y la virtud de poder ver durante mucho tiempo algo y que, nos llame o no la atención, no nos quede de otra que estar obligados a verlo, aparte de que además nos va a influenciar en nuestro trabajo futuro? No sé, eso es una envidia brutal que le tengo, y eso me encanta.

Refiriéndonos al cuento de Macario, ¿te platicó alguna vez tu papá sobre la relación que puede existir entre el sapo y la mujer, o entre la rana y la mujer?

No. ¿Qué hago en un pueblo donde no hay nada qué hacer, más que mirar, ver, observar y dedicarme a hacer lo que no hace nadie? No parece que haya de otra: me voy a la alcantarilla que está en la esquina de mi casa, a matar ranas. Estoy esperando horas a que salga una, y luego le doy. No es nada más que eso, la cantidad del tiempo de espera y de la observación. Luego está lo de la leche de Felipa, ¡qué rico! A mí me hubiera encantado tener la memoria de algún bebé, y estar ensartado a la chiche de mi mamá; tener ese recuerdo sería fantástico, pero son ese tipo de mezclas que solamente ocurren, tal vez.

Tu productora “La Media Luna”, es un claro homenaje a la obra de Juan Rulfo. ¿Qué cuento es el que más te gusta?

Hay un cuento básico que para mí explica todo (entrenamiento atmosférico, narrativo, uso del tiempo): “Luvina”. Sin duda, éste ayuda mucho a entender la atmósfera en la que se puede desarrollar Pedro Páramo, así como al Rulfo creador también de personajes que tal vez no existen, que son pura imaginación.

¿Qué proyectos vienen con los “Cien años con Juan Rulfo”? ¿Se seguirá transmitiendo, irá a festivales? En la presentación del documental hablaste de una sorpresa: ¿harás tu versión de Pedro Páramo, o la adaptación de algún cuento?

Estamos preparando algo a lo que le llamamos el desquite, después de haber presentado esta serie bajo presión. Vamos a lanzar la serie en una buena plataforma, para que todo mundo pueda verla y, además, quiero hacer una especie de iconografía, un libro donde esté la serie; mismo que debe ser un viaje literario en varios sentidos. En dicho libro estarán muchas de las cosas que no se pudieron poner en la serie, porque son muchísimas, sin olvidar que su propósito será el de acompañar la ruta y el camino de la vida de Rulfo, aunque no desde el punto de vista biográfico academicista, sino más bien como la pata de perro que fue, haciendo hincapié en los múltiples cambios que le permitió la vida. El jefe decía que él había nacido en 1918, por lo tanto, para nosotros su centenario comienza o termina en el 2018, como se le quiera ver. Esperamos tener muchas cosas para mayo de este año.

         Por otro lado, estoy por sacar una película. No tiene nada que ver con mi padre, y sí con las nuevas generaciones; esas nuevas generaciones que están luchando por abrirse un espacio, que están abriendo infinitas brechas en este país tan contrastante. La película se llama Érase una vez.

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Fotografías tomadas del perfil f@100conRulfo y de www.lamedialuna.mx

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